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La pistola de rayos: Philip K. Dick pone de moda las armas (de juguete)

La pistola de rayos - Destacada

¿Y si fueras un diseñador de armas de moda? ¿Y si tuvieras que diseñar el arma definitiva y no tuvieses ni idea de cómo hacerlo porque nunca has hecho más que fabricar juguetes?

Estamos en 2004. En el planeta Tierra se libra una guerra inacabable. Una guerra que enfrenta a Oriente y Occidente, o, mejor, al Bloque-Occidente con el Pío-Oriente, una guerra que demanda nuevas armas constantemente, armas que fabrican diseñadores médium a los que resulta indispensable entrar en trance para imaginar el aspecto que tendrán. Cada uno de estos diseñadores será reemplazado (algún día, cuando ya no resulte operativo) por otro, y entre ellos no puede haber ningún contacto porque supuestamente, solo supuestamente, son enemigos y podrían copiarse entre ellos. Pero ¿acaso importaría que pudieran copiarse si lo que estuvieran fabricando fuesen en realidad armas de juguete? Porque ¿qué sentido tiene crear auténticas armas si no existe ninguna guerra? ¿Y qué pasaría en esa hipotética Tierra que finge estar en guerra si un buen día una raza extraterrestre amenazase con convertir a los terrícolas en sus esclavos? ¿No querría el mundo que los diseñadores de armas más famosos de uno y otro lado tratasen de unir sus fuerzas para crear el arma definitiva?

Publicada originalmente en 1967, La pistola de rayos no figura entre lo más destacado de la producción del gran Philip K. Dick. De hecho, es algo así como una Lotería solar menor, pero sí contiene todos los ingredientes de su siempre trepidante y retroparanoide ciencia ficción, o, por qué no, alt sci-fi altamente adictiva. A saber: un puñado de endiabladamente deliciosos personajes —no ya el a ratos engreído y a ratos melancólico Lars Powerdry, motor de la historia y clásico protagonista masculino del universo Dick, sino su contrincanta, la femme fatale soviética Lilo Topchev y el coleccionista de semanarios Surley G. Febbs, por no hablar de la amante con un añadido telepático en el cerebro y los entrevistadores autónomos, suerte de periodistas robots que persiguen en plan paparazzi a los diseñadores de armas de moda—, una conspiración global por la que el mundo cree que está en guerra y no es así, el binomio América-Rusia (Dick realmente habría disfrutado con la llamada «Guerra de las estrellas», la fase final de la Guerra Fría, que ganaron los americanos gracias a un farol de Ronald Reagan) y, cómo no, la paranoia.

The Zap Gun - Portada

Portada de la edición americana


El protagonista es el clásico protagonista masculino del universo Dick, parecido al Jason Taverner de Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, un tipo que ostenta o ha ostentado un cargo de poder y que, o bien lo ha perdido por alguna extraña razón, o teme perderlo, porque eso es lo que cree que va a ocurrir. De ese lugar proceden la paranoia y la idea de conspiración, una conspiración dentro de una conspiración, que en el caso que nos ocupa está presidida por la idea de la falta de talento y del fracaso. A Lars Powerdry, el protagonista de La pistola de rayos, un artilugio que él mismo ha diseñado le suelta: «Señor Lars, usted siente un miedo terrible de entrar un día cualquiera en la oficina de Nueva York, tumbarse para que le induzcan el estado de trance y despertar sin tener un solo esbozo que mostrar. Es decir, teme perder su talento».

Y he aquí el eje sobre el que pivota La pistola de rayos, el de despertarse un día y descubrir que todo lo que has sido no era más que una ilusión, que eso de creerte bueno en algo puede cambiar de la noche a la mañana, especialmente cuando ese algo no está siendo realmente usado por nadie, puesto que Lars se sabe estafador, en tanto que diseñador de armas falsas. Sin embargo, es un hombre poderoso, todo un cog: sí, el mundo, como suele ocurrir en las novelas de Dick, se divide en dos tipos de seres humanos, aquellos que saben cómo funciona todo, los que forman parte en algún sentido del gobierno, los cog, y los que no, esto es, todos los demás, los boquiabiertas.

La pistola de rayos - Gigamesh

Portada de la edición de Gigamesh


El miedo a la falta de talento, o a la desaparición del mismo, es un tema clásico de la literatura, que se suma en este caso al de la crítica a la industria armamentística y a la guerra de espías tan en boga en la época en la que se publicó la novela que, ya lo hemos dicho, no figura entre lo más destacado de la producción de Dick, sobre todo por lo decididamente esquemático y a la vez intrincado de la trama. Después de todo, la novela es la historia de un encuentro, el que se da entre los dos diseñadores de moda, entre un Oriente y un Occidente presumiblemente en guerra. Y nada más. Eso sí, un bravo por la nueva traducción. Probablemente es la traducción más declaradamente literaria que ha tenido hasta la fecha una novela de Philip K. Dick.

Sinopsis

La pistola de rayos

En 2002 los Protocolos de Conversión sentaron las bases para la carrera armamentística de los grandes bloques de influencia de la Tierra. Lars Powderdry es el diseñador de moda armamentística más brillante del Bloque-Occidente, capaz de inventar los artefactos más elaborados. Pero cuando unos satélites alienígenas hacen su aparición en la órbita terrestre y dejan claro que sus intenciones no son amistosas, el mundo necesitará potencia militar como nunca antes. Por eso, ambos bandos dejan a un lado sus diferencias y Lars tiene una reunión con Lilo Popchev, su homóloga del Pío-Oriente, con la esperanza de crear un arma capaz de salvar el mundo. No es una tarea sencilla, mucho menos cuando Lars se enamora de Lilo a pesar de que sabe que ella intenta matarlo...

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One Response to “La pistola de rayos: Philip K. Dick pone de moda las armas (de juguete)”

  1. Juan Rodriguez dice:

    Hola. Necesito un diseñador de armas ( futuristas ) para proyecto relacionado con Sony Entertainment. Interesados escribidme a juanjomoleon@hotmail.com
    Hi, I need a weapon designer familiarised with Rayguns, blasters, tasers and sci-fi styles for a project related to Sony Entertainment. Write me to juanjomoleon@hotmail.com