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La rueda celeste, la filosofía del agua

La rueda celeste - Destacada

Una obra de aire taoísta que se disfruta de principio a fin.

Es difícil, por no decir imposible, separar a Ursula K. Le Guin de su visión personal del mundo y su relación con la filosofía oriental. El descubrimiento del Tao Te King de Lao Tse gracias a su padre, siendo apenas una niña, la marcó de forma decisiva. Se considera «afortunada por haber conocido el texto tan joven» y haber contado con él a lo largo de las diferentes etapas de su vida, agradecimiento que cristalizaría décadas después, en 1998, cuando ofreció su interpretación de la obra en una edición comentada de la editorial Shambala. No es solo una manera de entender mejor el texto de Lao Tse desde la mentalidad occidental, sino también un viaje al centro de las ideas de Le Guin. Una oportunidad excelente para comprender de primera mano sus inquietudes y las reflexiones subyacentes en la inmensa mayoría de sus obras.

La rueda celeste - Edhasa - Portada

Portada de la antigua edición de Edhasa.


La novela que acaba de reeditar Minotauro en español, La rueda celeste, es sin duda la que mejor refleja el interés de Le Guin por el pensamiento taoísta. Publicada por entregas en 1971, en la revista Amazing Science Fiction Stories, la historia se narra principalmente a través de la interacción entre dos personajes: George Orr, un hombre aterrado por el hecho de que algunos de sus sueños se vuelven realidad, y William Haber, el psiquiatra que intenta ayudarle a superar su problema. Orr llega a su consulta después de haber sido sancionado por un uso indebido de su tarjeta de medicamentos —estamos en un siglo XX alternativo, con un control férreo del gobierno sobre la libertad individual y un serio problema de superpoblación—: ha estado probando diferentes drogas para tratar de suprimir una serie de sueños que le acosan.

Si bien se encuentra reticente al principio, Orr termina por explicar su situación con lo que llama «sueños efectivos», que adquieren entidad una vez despierta. No se trata de profecías. Estos sueños consiguen alterar la realidad hasta el punto de que nadie recuerda que nunca haya sido de otra manera. Si sueña con la muerte de una persona, al despertar esa persona estará muerta, y será un hecho innegable y experimentado por quienes le rodean. Solo él es capaz de advertir cómo eran las cosas antes y mantener ambas realidades en su memoria.

The Lathe of Heaven - Portada Panther
Pero Haber comprueba que, cuando Orr sueña estando dentro de su consulta, él también es capaz de reconocer el cambio y recordar el mundo anterior. Aquello entusiasma de inmediato al psiquiatra y le convence para que se deje manipular mediante una máquina a la que llama Aumentador. Lo hipnotizará, lo inducirá a un sueño profundo y lo asociará a una onda cerebral específica que garantiza que sus sueños siempre sean efectivos. El objetivo es curarle, es decir, conseguir que pierda el miedo y afronte su don como algo positivo. Sin embargo, Haber se da cuenta pronto de que él es quien tiene el poder en sus manos: mientras su paciente está bajo hipnosis, puede moverle a soñar lo que desee, cambiando así cualquier aspecto de la realidad a su antojo. ¿Y quién no querría emplear algo así para el bien, para corregir los problemas de la sociedad?

La relatividad de la ética se pone enseguida de manifiesto, así como lo incontrolable del subconsciente. Haber tan solo «sugiere», como él mismo dice, que Orr sueñe con la resolución de un problema, por ejemplo, el de la superpoblación; pero inevitablemente el resultado llevará a nuevas situaciones impredecibles y a otros problemas diferentes. Es una reacción en cadena que vemos venir desde el primer momento. El megalómano Haber, tan parecido en su aspecto físico y sus gestos a la imagen que tenemos de Freud, se erige en demiurgo de un poder que cree poder controlar mediante la ciencia y las premisas psicoanalíticas, pero que pronto se le escapa de las manos. Frente a él, nos encontramos a un Orr genuinamente aterrorizado por lo que está haciendo, justo lo que quería evitar cuando acudió por primera vez a la consulta. Si le repugnaba la posibilidad de cambiar el mundo de manera involuntaria, estar haciéndolo por mediación de otra persona, siguiendo los dictados de su moralidad y sus prioridades personales, es un escenario aún peor.

The Lathe Of Heaven - CartelThe Lathe Of Heaven - Cartel

El libro se adaptó para televisión en 1980.


En la intersección de ambos personajes y el contraste de sus personalidades nos encontramos la esencia taoísta. La actitud de Orr durante la mayor parte de la novela puede parecernos indolente, pasiva. No se plantea tener ninguna responsabilidad con ese don que le ha sido concedido; no se considera nadie para influir en el devenir del mundo, en una corriente que está muy por encima de él o de cualquiera de sus semejantes. Sigue lo que Le Guin llama, en otro texto reciente, «el camino del agua». La simbología marina está presente al inicio y al final de la novela, así como la figura de la tortuga, un animal cuya longevidad le permite asistir a los cambios y a los siglos sin inmutarse. Haber, por su parte, también comprende el mundo mediante una metáfora de este oleaje: las ondas cerebrales que le sirven para controlar de forma empírica el misterioso poder.

Desde nuestra mirada occidental, no es de extrañar que comprendamos mejor a Haber, en un primer momento al menos. Orr parece poco más que un niño: temeroso, inoperante, reacio a asumir el bien que puede hacer. Haber se muestra paternalista, entendiendo las debilidades de su paciente y guiándole como lo haría con su propio hijo. Pronto nos damos cuenta de que es capaz de anteponer lo que considera el bien común incluso a la vida o a la muerte. No le afecta, por ejemplo, la «solución» expeditiva que la mente de Orr da al problema de la superpoblación. El psiquiatra representa esa fuerza motriz, «industrial», lo correcto y lógico para el progreso.

The Lathe of Heaven - Portada Avon
Sin embargo, Le Guin pone esto en entredicho muy pronto cuando nos deja claro que el don de los sueños efectivos no es más que un prisma. No le da una explicación concreta, aunque en cierto momento de la novela se nos insinúe que puede deberse a un estadio superior de conciencia, al que todavía no ha accedido la totalidad de la especie humana. Pero el verdadero cambio se produce en nuestra mirada hacia Orr. Nos desprendemos de los prejuicios y dictámenes y entendemos su inmovilidad como respeto y aceptación, no como cobardía. De hecho, en eso reside la verdadera valentía: enfrentarse a la incertidumbre en lugar de buscar la falacia del control absoluto, un refugio que no existe.

La rueda celeste se comprende y aprovecha mucho más si se conoce el texto de Lao Tse, pero no es obligatorio hacerlo para disfrutar de sus páginas. Plantea una reflexión sobre las capas de la realidad, los límites del control y la ética muy universales, e incluso actuales. Una obra nada menor, pese a su extensión, que se encuentra entre lo más conseguido de su autora.

Sinopsis

La rueda celeste

En un futuro castigado por la violencia y las catástrofes medioambientales, George Orr descubre que sus sueños tienen la capacidad de alterar la realidad. George buscará la ayuda del doctor William Haber, un psiquiatra que no dudará en aprovecharse de su poder. Cuando el doctor Haber empiece a manipular sus sueños en beneficio propio George deberá luchar para proteger la realidad.

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One Response to “La rueda celeste, la filosofía del agua”

  1. […] fetiche: Los jugadores de Titán, de Philip K. Dick, con traducción de Juan Pascual, y este La rueda celeste, de Ursula K. Le Guin, con una nueva versión en castellano obra de Miguel Antón. El ejemplar que […]