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La tercera cara de la luna, culto a la fábula (pop) maldita

Pesadillas, magia, lobos, fantasía y terror en una antología muy recomendable.

Pensad por un momento en el miedo. El Miedo, con mayúscula, y sus infinitas encarnaciones. Y luego pensad en un puñado de personajes que habitan en ese Miedo, que lo sufren, que lo construyen, que le dan forma, que se alimentan, de alguna extraña y siempre perversa manera, de él. Dadles a cada uno de ellos una historia, una trama en la que moverse como peces en el agua, un agua a buen seguro pantanosa y sí, sucia, y a ratos asfixiante y venenosa. Y entonces, solo entonces, estaréis a un paso del degustable abismo narrativo (que como bien apunta la contraportada, a ratos recuerda a Tarantino y a ratos a Lovecraft) que constituye esta terrorífica antología que Ángel Luis Sucasas acaba de publicar en el sello Fábulas de Albión.

Veamos. ¿Qué podemos encontrar en La tercera cara de la luna? Lobos. Manadas de lobos que rinden culto a la Dama Blanca —para imaginar quién es la Dama Blanca basta con pensarlo un segundo: ¿a qué aúllan los lobos?— pero que no son lobos corrientes, son lobos que empuñan espadas y viven en una sociedad pasada que nada tiene que ver con la que habitan los perros protagonistas de Polen, de Jeff Noon. Hay bosques y ambiente de fábula, una fábula en cierto sentido maldita, laberíntica, compleja, una fábula habitada por monstruos que, en tanto que terribles, como apunta uno de los protagonistas de Un cuento de la Dama Blanca, merecen «el dolor y el infierno».

Ángel Luis Sucasas

Aquí el autor.


Hay un fin del mundo (El último amanecer) y una niña que va a todas partes con su Conejo Bueno, y no es Alicia porque no vive en el País de las Maravillas sino en un lugar horrible, de pesadilla. También hay mundos que recuerdan a los mundos de Tolkien, un Tolkien perverso, un Tolkien que hubiese leído más de la cuenta a George R. R. Martin, claro (El ocaso de los sueños), pero que también hubiese leído a William Gibson y a Philip K. Dick y hubiese decidido crear a un protagonista, el protagonista de El día en que dije no a un imperio, que se dedicase a hacer lámparas, un artesano como los personajes de las historias de Dick que viviese en un mundo que parece sacado de una novela cyberpunk de Gibson. Un mundo en el que todo lo que puede verse aquí y allá son colinas y colinas de chatarra de este y otros muchos mundos.

Y, cómo no, hay magos. Está el mago escarlata, Magrog, y el mago de doble cuerpo, del que se dice que «era fácil caer hechizado» contemplándolo. Y hay niñas guerreras que si hubieran sido niños habrían sido niños guerreros y quizá guerreros muy famosos, pero son niñas y no se llaman Brígida sino Alda (como la que protagoniza La llamada del cazador). Lo más fascinante de la narrativa de Sucasas es cómo consigue ser una y única, ya hable de manadas de lobeznos que empuñan espadas o de tipos que hacen lámparas y que viven rodeados de basura.

El hilo conductor de la antología es, como indica él mismo en el arranque, la idea de pesadilla. El Miedo, con mayúsculas. Y el resultado es una excelente colección de pesadillas, de confines tan diversos como podamos imaginarnos, algo que también debe agradecérsele al autor, que ha sido valiente al enfrentarse a la forma en todos los casos, pero también al fondo cuando se las ha tenido que ver con él. Un libro más que recomendable.

Sinopsis

La tercera cara de la luna

Una colección de trece relatos destinada a abanderar el nuevo fantástico español. Sucasas conjuga la alta literatura con la influencia de la cultura pop, de los videojuegos al cómic pasando por el cine de Tarantino o las pesadillas de geometrías imposibles que soñó Lovecraft.

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One Response to “La tercera cara de la luna, culto a la fábula (pop) maldita”

  1. Óscar dice:

    Un gran autor, a tener muy en cuenta.