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La Tierra Larga, los otros (y muy disfrutables) mundos de Pratchett y Baxter

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¿Y si hubiera un millón de otras Tierras? ¿Y si pudiéramos viajar a todas ellas?

¿Terry Pratchett y Stephen Baxter? ¿Juntos? ¿Realmente juntos? ¿Un tipo serio como Baxter, adscrito a la línea dura de la ciencia ficción (¡por todos los dioses, ha escrito una novela con Arthur C. Clarke!), y Terry «Amante-Del-Absurdo» Pratchett, de veras, juntos? Oh, sí, y por fortuna para aquellos que amamos lo absurdo y amamos a Pratchett, el resultado tiene más que ver con cualquier entrega del Mundodisco que con el mundo definitivamente más seriote de Baxter. A veces La Tierra Larga parece el inicio de un nuevo Mundodisco ligeramente más contaminado por artilugios de nueva generación y, sobre todo, por nuevas y muy prometedoras posibilidades relacionadas con los universos paralelos: en concreto, con millones de otras Tierras (como la nuestra) deshabitadas, a las que cualquiera que posea una cruzadora puede viajar. La labor de Baxter parece tener más que ver con la reflexión de fondo, que en este caso no es una moraleja final, sino un hilo conductor: el de la Nueva Tierra Prometida. Pero vayamos por partes, que la cosa promete.

Al parecer, Terry Pratchett esbozó el argumento de La Tierra Larga al poco de entregar el manuscrito de El color de la magia a su agente. Por entonces aún no sabía en qué clase de fenómeno iba a convertirse El color de la magia ni tampoco que daría pie a crear una saga de la magnitud del Mundodisco. Por entonces creía que su siguiente novela bien podía ser la historia de alguien capaz de viajar de una Tierra a la siguiente, en caso de que existiese un multiverso infinito de Tierras paralelas, por otro lado vacías, sin rastro de seres humanos, y las consecuencias que eso tendría para la humanidad. Pero entonces ocurrió que El color de la magia fue un éxito y Pratchett inició la serie del Mundodisco dejando en el cajón aquel esbozo de argumento que, hace un par de años, en una reunión con su agente, emergió de las profundidades reclamando una oportunidad. Fue entonces cuando Baxter se sumó al proyecto. En parte, porque estaba presente cuando Pratchett le habló del asunto a su agente. Y también porque la idea le entusiasmó.

Baxter y Pratchett

Baxter y Pratchett, juntos
Foto: sammensurium.net


Llegados a este punto, veamos de qué va todo esto. El protagonista de La Tierra Larga, si puede decirse que hay un protagonista (porque la idea es claramente la de construir un mundo habitado por infinidad de mundos, y el retrato se hace a partir de historias de personajes que van de un lado a otro habitando esos otros mundos), es Joshua Valienté, un tipo que desde niño, desde que todos los habitantes de la Tierra 0, la Tierra primigenia, llamada Tierra Datum, pudieron empezar a viajar, tiene la capacidad de cruzar sin necesidad de utilizar la cruzadora (una caja alimentada por una patata con un par de interruptores, Este/Oeste, que hacen referencia a la dirección de nombre arbitrario en la que deseas viajar por la Tierra Larga). Cuando arranca la historia, Joshua Valienté ha sido escogido por un máquina expendedora de refrescos, Lobsang, que en realidad fue en otra vida un mecánico tibetano, para viajar a lo largo y ancho de ese nuevo mundo (de esos nuevos mundos, en realidad) y tratar de establecer un límite o, cuanto menos, cartografiar aquello que encuentren. El viaje lo inician en un gigantesco globo llamado el Mark Twain que es a la vez una enorme cruzadora.

Pero la suya es solo la historia de fondo, y sin duda la más divertida, la de los exploradores de esa tierra larga e ignota. A los conocedores de la obra de Pratchett la manera en que está planteada la historia sin duda les recordará al inicio de El color de la magia, siendo Valienté una especie de Rincewind menos desafortunado y Lobsang algo así como la mezcla perfecta entre el equipaje con patitas y su propietario, Dosflores el turista. Pero será mejor que no desvelemos mucho más. Eso sí, hay otros (muchos) personajes, entre los que destacan la sargento Monica Jansson, dispuesta a averiguar si el científico loco cuya casa ha ardido hasta los cimientos tiene algo que ver con todo ese asunto del Día del Cruce y las Otras Tierras, y la familia Green, que, como muchas otras familias, han dejado sus trabajos y sus casas en busca de fortuna en alguna de esas otras Tierras. Tierras en las que el gobierno de Estados Unidos, al estilo de lo que ocurría en la época de El Dorado, garantizaba terrenos a todos aquellos que los quisiesen y los empleasen como era debido. La historia de los Green la conocemos por el diario que lleva una de las hijas, lo que vuelve la narración de esos nuevos mundos aún más fresca y decididamente devorable.

The Long War, portada

Portada de «The Long War», la siguiente entrega


La idea de fondo, decíamos al principio, es la de reflexionar sobre lo que el descubrimiento de un Nuevo Mundo podría hacerle a la Humanidad de hoy en día. Y el resultado es que todos correríamos en busca de oportunidades, hartos de que en la Vieja Tierra, en el Datum, no quedase nada por hacer; hartos de que, como suele decirse, todo el pescado estuviese vendido, y además sin posibilidad de efectuar ningún tipo de cambio (después de todo, el pescado no es una camiseta ni el mundo unos grandes almacenes).

Pero Baxter y Pratchett añaden una variable más al asunto, y es que nada que contenga hierro puede viajar a esas Otras Tierras que, por lo tanto, permanecen libres de armas y de dinero, y también, cómo no, de ebooks, tablets y videojuegos. En esos Otros Mundos el libro sigue reinando y es más rentable montar una librería que tratar de construir una fábrica de teléfonos móviles, porque la tecnología va a tardar tanto en llegar (tiene que construirse de nuevo todo) que probablemente morirás antes de haber vendido tu primer cargador. Y en ese sentido la historia (además de divertida, divertida al estilo Pratchett y algo menos, pero también, reflexiva y técnica al estilo Baxter) funciona como una oda al Viejo Mundo de lo Básico, de los pequeños placeres, al que quizá no tengamos más remedio que mudarnos algún día para huir de todas las crisis que estén por venir. Y en un estrato menos profundo, La Tierra Larga es una excelente novela de aventuras espaciotemporales que (¡SÍ!) tendrá continuación. Ya está publicada en inglés la segunda entrega (The Long War) y, por el momento, se sabe que mínimo habrá una tercera. Y desde aquí nos alegramos. Muchísimo.

Sinopsis

La Tierra Larga

1916. El soldado Percy Blakeney recibe el impacto de un obús en una trinchera francesa. Despertará envuelto por el canto de los pájaros en un entorno pacífico, donde han desaparecido el barro y la metralla de la guerra. 2015: la ciudad de Madison, Virginia, en Estados Unidos. La agente de policía Monica Jansson investiga el incendio en la casa de un extravagante científico que ha desparecido sin dejar rastro. Algunos lo tildan de loco, otros lo consideran muy peligroso. Entre los escombros, Monica descubre un curioso mecanismo compuesto de una caja, una serie de cables… y una patata. Se trata del prototipo de un invento que cambiará para siempre nuestra manera de ver el mundo.

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2 Responses to “La Tierra Larga, los otros (y muy disfrutables) mundos de Pratchett y Baxter”

  1. […] La Tierra Larga; Alguien sube a internet los planos para construir facilmente un dispositivo que permite acceder a mundos paralelos. […]