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Las cosas que perdimos en el fuego, historias de fantasmas y Shirley Jackson

Las cosas que perdimos en el fuego - Destacada

Los relatos de Mariana Enríquez sumergen al lector sin remedio en su atmósfera terrorífica.

Hace poco, la editorial Minúscula recuperó algunos de los cuentos más famosos de la gran Shirley Jackson. Shirley Jackson, para quienes aún no hayáis tenido la suerte de toparos con ella, es la escritora que más ha influido a Stephen King y la que, a buen seguro, puso las bases de lo que hoy conocemos como terror psicológico. Yendo más allá, incluso podría ser la inventora de un lugar común tan maravilloso como el de los investigadores parapsicológicos en una supuesta casa encantada. Corred a cualquier librería si sois amantes del género y pillaos un ejemplar de La maldición de Hill House (que editó Valdemar hace unos años), porque es la mejor historia de casa encantada que se ha escrito jamás. Y dicho eso, la colección de relatos que nos ocupa sitúa a su autora, Mariana Enríquez, como la alumna más aventajada de Shirley Jackson con la que me he topado jamás.

Mariana Enríquez

Mariana Enríquez, la nueva reina del terror.


La colección de relatos de Jackson que editó Minúscula coincidiendo con el centenario de su nacimiento incluía La lotería, el más famoso de todos los que escribió, pero también traía otro buen y exquisito puñado. Entre ellos estaba El amante demoníaco, que quizá es el que más paralelismos guarda en espíritu con la narrativa de Enríquez, desde ya mismo un nombre clave a tener muy en cuenta en la narrativa de terror contemporáneo… y no solo en esta, porque el terror, como el resto de géneros, es también literatura universal, mal que le pese a quien sea.

En El amante demoníaco, la protagonista era una chica algo neurótica de la que solo sabemos que va a casarse ese mismo día con un chico aparentemente encantador pero que no le ha querido presentar a su hermana y ni siquiera le ha contado que se casa. Durante todo el relato, la chica, que había quedado a cierta hora con el chico para que la recogiera y casarse, lo busca sin remedio por todas partes, en una espiral terrorífica en la que la neurosis juega un papel importantísimo. Es algo común en los cuentos de Jackson que aquello que entendemos por cotidiano y corriente se vuelva de repente monstruoso. Y eso es justo lo que ocurre en cada relato de Mariana Enríquez.

Bajar es lo peor - Portada

La primera novela de Enríquez, publicada en 1995.


En los doce cuentos incluidos en Las cosas que perdimos en el fuego a menudo hay una protagonista, que en muchos casos es también la narradora en primera persona de la historia, a la que lo cotidiano se le vuelve monstruoso. Es cierto que en el caso de Enríquez, el elemento sobrenatural (o terrorífico o directamente macabro) está presente de una forma más clara, pero de igual modo es algo relacionado con el día a día, en ningún caso con un hecho extraordinario.

Pongamos como ejemplo, sin desvelar demasiado, el cuento que abre la antología: El chico sucio. Su narradora es una chica que vive en un barrio complicado, en el que no se puede ir por la calle a determinadas horas de la noche porque puede pasarte cualquier cosa. Pero a la protagonista no le importa. Heredó una casa enorme en ese lugar y le encanta vivir en ella. Cerca de su enorme casa viven un niño de unos cinco años que siempre está muy sucio y su madre. Viven en un colchón, en la calle. La madre está embarazada, y el niño a veces está solo. Una de esas veces, la protagonista le compra un helado. La madre se enfada. La protagonista vuelve a su casa. Al poco, aparece un niño hecho pedazos, literalmente descuartizado en algún otro lugar, y la protagonista está convencida de que es el niño sucio. Pero ¿lo es en realidad? Si no lo es, ¿por qué han desaparecido la madre y el niño del colchón? Sea cual sea el caso, la sensación de terror es constante. Y como lector, estás ahí, en esa casa, con la protagonista, todo el tiempo.

Cuando hablábamos con los muertos - Portada
Va otro. En Pablito clavó un clavito: Una evocación del Petiso Orejudo, a un guía turístico que se dedica a ir por Buenos Aires ofreciendo tours de crímenes y criminales se le aparece un macabro asesino de niños, el más famoso y más cruel de todos. Lo ve en el autobús cada día mientras explica a los turistas dónde se cometieron los crímenes y por qué. La presencia es inquietante, pero aún lo es más la forma en que cambia el protagonista a medida que se habitúa a la presencia del asesino.

El editor Daniel Gumbiner afirmó que la escritura de Mariana Enríquez «es tan auténtica y perspicaz que consigue evocar una realidad más vívida que la que nos rodea», y no puedo estar más de acuerdo. Porque lo más terrorífico de los cuentos de Mariana Enríquez es que parecen estar ocurriendo mientras los lees. Que tú, lector, estás ahí con los protagonistas, sintiendo el aliento helado de los fantasmas que golpean puertas y ventanas en La hostería. O con la fiscal que en Bajo el agua negra se atreve a adentrarse en la villa que rodea el Riachuelo, un río negro y contaminado, que crea monstruos, que hace que los niños nazcan malformados, y del que si se logra escapar, se escapa convertido en una especie de Mesías Oscuro. O que estás en clase y, de repente, la chica rara que hace cosas raras hace algo más raro que de costumbre, y se hace mucho daño, y te suelta que quizá tú seas la siguiente, que quien sea va a pedirte que empieces a hacer cosas raras y no podrás evitar hacerlas y a lo mejor esas cosas raras acaban contigo, como ocurre en Fin de curso.

Los peligros de fumar en la cama - Portada

El primer libro de cuentos de Mariana Enríquez, publicado en 2009.


No se lee un solo cuento de Mariana Enríquez sin la sensación de que algo malo va a ocurrir, o está ya ocurriendo. Y te va a ocurrir a ti, lector, y he aquí la magia de sus cuentos, de su prosa, que no es como las demás: en vez de contarte historias, hace que las vivas. Y eso, para los amantes del terror (que somos casi todos, porque todos hemos sido niños y hemos creído en los monstruos) es una gran noticia. Muy, muy recomendable. Qué demonios, imprescindible.

Sinopsis

Las cosas que perdimos en el fuego

El mundo de Mariana Enriquez no tiene por qué ser el nuestro, y, sin embargo, lo termina siendo. Bastan pocas frases para pisarlo, respirarlo y no olvidarlo gracias a una viveza emocional insólita. Con la cotidianidad hecha pesadilla, el lector se despierta abatido, perturbado por historias e imágenes que jamás conseguirá sacarse de la cabeza. Las autodenominadas «mujeres ardientes», que protestan contra una forma extrema de violencia doméstica que se ha vuelto viral; una estudiante que se arranca las uñas y las pestañas, y otra que intenta ayudarla; los años de apagones dictados por el gobierno durante los cuales se intoxican tres amigas que lo serán hasta que la muerte las separe; el famoso asesino en serie llamado Petiso Orejudo, que sólo tenía nueve años; hikikomori, magia negra, los celos, el desamor, supersticiones rurales, edificios abandonados o encantados…

En estos 12 cuentos el lector se ve obligado a olvidarse de sí mismo para seguir las peripecias e investigaciones de cuerpos que desaparecen o bien reaparecen en el momento menos esperado.

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