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Leyes de mercado, la jungla de asfalto de Richard Morgan

Leyes de mercado - Destacada

Los antihéroes y las megacorporaciones se dan la mano en una vertiginosa novela sobre la deshumanización del ser humano.

El futuro es incierto, pero las directrices que se toman en el presente sin duda lo moldearán. O por el contrario llegará un momento de inflexión en el que el mundo (en realidad sus habitantes) elegirá un camino que no favorezca a todos por igual, tan solo a los poderosos, a los ricos, a las multinacionales. Ese es el terreno por el que se mueve Richard Morgan en su novela Leyes de mercado, una realidad alternativa ubicada unos cuantos años en el futuro (no demasiados) que, aun sin dejar de ser ficción, puede reflejar bastante bien gran parte de la realidad, o en lo que llegará a convertirse el mundo si sigue el mismo rumbo que ahora lleva.

La literatura de este escritor londinense afincado en Glasgow no se caracteriza precisamente por ahondar en universos halagüeños, ni siquiera para la especie humana. Está todo en decadencia, o bien ese decadentismo ha sido superado y la población se encuentra dividida por un abismo insondable. Los ricos de Leyes de mercado lo tienen todo (los pijos trajeados aburridos de su existencia si no gastan dinero a espuertas y hacen ostentación de ello), mientras que los pobres hace tiempo que dejaron de tener algún posible futuro o comodidad. Y a esa diferencia de clases apela Leyes de mercado, pero la novela de Morgan va más allá y toca otros temas afines como el capitalismo, la globalización, el neoliberalismo, la ética de cierto tipo de actos y, además, la deshumanización del ser humano. En un mundo regido por la violencia y donde lo más relevante es el dinero, hay que tomar decisiones tajantes y frecuentemente asociadas con despojar a los seres humanos de toda dignidad y de lo que les hace, en definitiva, humanos. Eso es Leyes de mercado, la ley del más fuerte, y donde Morgan apunta muy alto para convertirse en una novela más que recomendable, quizá única en su clase.

Market Forces
Porque Leyes de mercado no es solo una novela más de ciencia ficción, es también la unión de diversos elementos que la vuelven un entretenimiento muy notable y quedan grabados a fuego en la mente del lector. Es la exploración y la conjugación de escenas de acción protagonizadas por coches último modelo y repletos de alta tecnología. Tiene algo de thriller empresarial, algo de novela negra, algo de George Orwell, de Blade Runner, de Mad Max, de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe y de American Psycho. Sin olvidar la permanente alusión a J. G. Ballard, con el tema automovilístico que encierra algo sensual y con poder sobre los demás seres humanos. Los coches son en Leyes de mercado una marca de la casa, la forma en que se cierran los contratos de negocios y los inversores en el mundo que idea Morgan. Negociaciones «agresivas» y auténtica violencia a la carta donde los que sobreviven son los más fuertes. ¿Hubiera alguien pensado que cerrar de esta manera los negocios sería una forma tan efectiva como cualquier otra?

Pero por encima de todo, estamos frente a la historia de Chris Faulkner, un ejecutivo trajeado que trabaja para Shorn Associaties, persiguiendo la opción (como cualquier persona en este mundo) de ascender más y más en un entorno donde el trabajo es un bien preciado y donde si no ganas pasta gansa, eres un ser deplorable del extrarradio, un pandillero o un muerto de hambre que no puede aspirar más que a comer alimentos atestados de aditivos y conformarse con el único entretenimiento de su pequeño televisor. Leyes de mercado sigue el proceso de deshumanización de Chris, su camino hacia tierras cada vez más pantanosas y los cambios que sufren la relación con su esposa, su función en la empresa y sus aspiraciones inmediatas. Morgan hace un trabajo fantástico con todos los personajes de la novela, desde Carla (su mujer), pasando por Mike Bryant (el compañero laboral y amigo de Chris) hasta los extras o secundarios.

Chris es el antihéroe de Leyes de mercado, en quien se centran nuestras miras por su forma de comportarse ante situaciones extremas, ante el estrés de su trabajo, el distanciamiento de su mujer y, en resumen, ante todo lo que le aleja de ser un héroe o una persona que busca el bien común. El hecho de trabajar para una empresa como Shorn Associates ya debería ser sinónimo de antihéroe, pero Richard Morgan introduce elementos de su propia cosecha característicos de toda su producción literaria. La premisa de que al autor nunca le han interesado los reyes, la princesas ni los granjeros de buen corazón que llegan a ser héroes deja a las claras su postura sobre sus propias historias (sustituid aquí los reyes por ejecutivos, las princesas por secretarias y los granjeros de buen corazón por novatos trajeados que quieren cambiar el mundo y ya tenemos Leyes de mercado).

Richard Morgan
Es por eso que en la novela no hay héroes a la antigua usanza, tampoco ningún tipo de épica, sino que todo tiene un cariz apocalíptico, de mundo destinado a ser como es, porque si algo funciona de esa manera será muy difícil que cambie en el futuro. Y más con una clase dominante que ha conseguido poner la bota en el cuello a las demás. La progresión del héroe como tal no existe, así que no esperéis idealistas adinerados ni transgresores que quieran hacer del mundo un lugar mejor. En Chris Faulkner podemos encontrar mucho de la mitología nórdica relacionada con los héroes que tanto gusta a Morgan, desde su caída en decadencia —el ingreso de Chris en Shorn Associates—, su progresión dentro de la organización, con la posición que ocupa en la empresa y los beneficios que le hace ganar, y sus manos manchadas de sangre. Quienes hayan leído Leyes de mercado podrán identificar muchos de los elementos que tienden a caracterizar la obra del autor, como por ejemplo el tema de las megacorporaciones y lo poco que les importa usar a los más débiles para su propósito, algo que también se da en videojuegos como Crysis 2 o Syndicate (ambos escritos por Morgan para EA Games).

En resumen, Leyes de mercado es una excelente novela, con un ritmo muy bien establecido, una narrativa sólida y unos diálogos que fluyen como la espuma. Por lo demás, la novela tiene grandes cualidads que la convierten en algo especial y original, aunque al mismo tiempo podamos reconocer muchos de sus elementos. Totalmente recomendable y un buen exponente de la literatura de género anglosajona.

Sinopsis

Leyes de mercado

«Zektivs»: las nuevas estrellas mediáticas cuyas proezas en la carretera se siguen sin aliento en todos los rincones del mundo. Son los modernos gladiadores de las multinacionales, hombres y mujeres dispuestos a jugarse la vida para defender un contrato en duelos sobre el asfalto.

Richard Morgan extrapola a partir de los vientos neoliberales que azotan la sociedad contemporánea y recrea un futuro próximo donde la globalización ha llegado a las últimas consecuencias.

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