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Los nombres muertos, las aventuras de Lovecraft

Destacada

Una novela de aventuras de factura impecable con Lovecraft como protagonista.

Lovecraft siempre ha estado ahí para mí. Ya sea en las primeras partidas que eché a Alone in the Dark si hablamos de videojuegos, en aquellos primeros relatos de los mitos que pasaron por mis estanterías, en la mesa de rol o en la omnipresencia de Cthulhu en gran parte de elementos de la cultura popular actual, la figura del de Providence se ha ido asentando poco a poco en mi imaginario. Lo mismo se podría decir de Jesús Cañadas (Cádiz, 1980), que con Los nombres muertos ha conseguido rendir todo un homenaje literario al autor poniéndolo al frente de una aventura digna de los mejores relatos pulp de principios de siglo.

Los nombres muertos comienza con Frank Belknap Long metiéndose de lleno en una búsqueda condenada al fracaso desde el primer momento: la viuda de multimillonario John Raskob —propietario del Empire State Building— le encomienda la misión de encontrar el Necronomicón, libro que Long sabe que no existe ya que ha sido creado como recurso narrativo por su colega H.P. Lovecraft y utilizado por él mismo en los relatos de terror en los que bebe de la ambientación creada por su amigo. Con esta premisa, Long marcha hacia Providence con la ficha de biblioteca que le ha entregado la viuda, para enseñársela a Lovecraft y así convencerle de intentar desentrañar el misterio que rodea esta búsqueda sin sentido que le ha sido encomendada. Al ver dicha ficha, Lovecraft no puede evitar sentir curiosidad por la extraña forma en la que una de sus creaciones literarias ha cobrado vida, y así comienza una misión que los llevará a Europa y otros lugares insospechados, búsqueda cuya primera parada es la biblioteca universitaria John Hay de Providence.

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A partir de este momento es cuando se dispara todo el ingenio literario de Jesús Cañadas y la trama empieza a coger un ritmo endiablado que no decae hasta la última página de la novela. Con el viaje como gran excusa para poner a los protagonistas frente a todo tipo de peligros, el autor nos lleva a una ruleta rusa de acción, misterios paranormales y encuentros en la Alemania nazi, desde la ciudad natal de H. P. Lovecraft hasta las cuevas del acantilado Boca do Inferno de Portugal y varias localizaciones más que pondrán a prueba la integridad física y mental de los protagonistas.

La prosa de Cañadas ha dado un salto de calidad gigantesco desde que se publicara El baile de los secretos allá por 2011. El exceso de yuxtaposiciones y frases enrevesadas de los que hacía gala su primera novela ha dado paso a una prosa mucho más equilibrada en la que siguen destacando estos elementos —aunque mejor utilizados— y un léxico digno de elogio, todo esto en conjunción con un gran ritmo narrativo que consigue mantener al lector en vilo durante prácticamente la totalidad de la novela. Por si fuera poco, en algunas de las partes más comprometidas de la trama la narración pasa a un punto de vista en primera persona narrado por Lovecraft, recurso muy original que consigue mantener la tensión de los acontecimientos en algunos momentos clave y que aporta un punto de variedad en el narrador de la historia que se agradece en algunos tramos.

Los personajes son uno de los grandes aciertos de Los nombres muertos, personajes que en muchas ocasiones eclipsarán la figura de Lovecraft y se convertirán en protagonistas del relato. Los más importantes son Belknap Long, autor de Los perros de Tíndalos y amigo personal de Lovecraft; Robert E. Howard, creador de Conan y principal responsable de los relatos de espada y brujería de principios del siglo XX, y Sonia Greene, exmujer del protagonista. Además del cuarteto protagonista principal, pasarán por las páginas de Los nombres muertos: Arthur Machen, John Ronald Reuel Tolkien, Fernando Pessoa o Aleister Crowley, unos personajes de excepción que se verán envueltos en una trama que los llevará de Providence a Londres, Berlín, Portugal o la mismísima Damasco, lugar donde el árabe Abdul Alhazred escribió supuestamente el Necronomicón. La profundidad que Jesús Cañadas consigue darle al cuarteto protagonista es digna de elogio. Todos ellos son perfectamente distinguibles entre sí gracias a sus diálogos, y tienen una personalidad muy marcada que se va desarrollando a medida que van cayendo las páginas de la novela. Mención especial para el texano Robert E. Howard, que protagoniza algunos de los momentos más divertidos del libro, y para Sonia Greene, personaje femenino muy adelantado a su época y con una personalidad apabullante que se convierte en la protagonista indiscutible del relato en más de una ocasión. Y Lovecraft, claro. Un Lovecraft que debido a su personalidad tan evasiva queda muchas veces en segundo plano, algo que el autor ha conseguido compensar con las partes narradas desde el punto de vista del escritor de Providence.

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Como toda narración, Los nombres muertos tiene sus claroscuros: la estructura es la de una novela de aventuras típica y tópica. Los personajes se encuentran un viaje constante en busca de un objeto con supuestos poderes sobrenaturales y que se les escapa de las manos en más de una ocasión, cuando parecía que ya estaba todo resuelto. Hay malos que son muy malos y buenos que parecen buenos, pero que al final también resultan ser muy malos, hay personajes que dan un giro —previsible en la mayoría de los casos— de 180 grados. Hay explosiones, persecuciones en coche, protagonistas encerrados en un foso después de ser secuestrados, hay nazis, cuevas que esconden secretos inconfesables y un tramo final que tira por tierra cualquier elucubración del lector hasta el momento. Todos estos elementos pueden llegar a convertirse en un arma de doble filo para aquellos que comenzaran la lectura esperando algo diferente o más elaborado a nivel de estructura, pero no es algo que la novela pretenda en ningún momento. Los nombres muertos es lo que es y lo consigue plasmar con muchísima calidad.

Podemos estar más o menos de acuerdo con la interpretación de Lovecraft que nos presenta Jesús Cañadas, con la estructura tan clásica de la novela y con la elección de personajes secundarios para la aventura, pero es innegable que estamos ante un libro de una factura estilística de altísimo nivel, escrito con un cariño inconmensurable hacia la figura del escritor de Providence, que hará las delicias de los aficionados al autor o a las novelas de aventuras y que cuenta con una historia la mar de entretenida para aquellos que lleguen a su lectura sin conocer la figura del creador de Los mitos de Cthulhu.

Sinopsis

Los nombres muertos

H.P. Lovecraft ha recibido una propuesta imposible: buscar el Necronomicón. Un libro maligno que no existe, a pesar de que todo el mundo crea que sí. Y Lovecraft lo sabe por una razón: porque es su más célebre invención literaria.

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One Response to “Los nombres muertos, las aventuras de Lovecraft”

  1. […] así podría poner Jesús Cañadas en las dedicatorias de ésta, su segunda novela. En Los nombres muertos se puede encontrar mucho de esa pasión por la historia dentro de la Historia y las explicaciones […]