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Otro tiempo, de Raelana Dsagan: en manos de Cronos

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Otro tiempo explora la naturaleza del tiempo y del multiverso desde una perspectiva interior.

Hace unos meses, en el Celsius, Sergi Viciana me propuso un desafío interesante: colaborar de vez en cuando con Fantífica con artículos sobre el tema que quisiera, pero que no superaran las mil trescientas palabras… Lo cual, teniendo en cuenta la extensión de mis textos, es todo un reto.
Tuve claro desde el principio que quería que abordaran un tema común, así que, tras pensarlo un poco, decidí que iban a estar dedicados a novelas cortas. No porque haya menos que decir sobre ellas, sino porque su «espíritu» es coherente con lo que intentaré hacer aquí: exponer el mayor número de ideas posible, pero reduciendo el análisis a lo esencial.
Así que empecemos, que el contador ya está corriendo.

Otro tiempo

Casualmente, el mismo día en que Sergi me hizo la propuesta, la gente de ediciones El Transbordador -de quienes aquí ya reseñaron la novela de Ekaitz Ortega, Mañana cruzaremos el Ganges tuvo la gentileza de regalarme esta novela… que terminé leyendo hace un par de semanas.
Otro Tiempo
Ya desde el primer capítulo supe que no tendría nada que ver con lo que había imaginado, pero ¿qué mejor que que una obra te sorprenda? Sobre todo, si esa sorpresa es positiva, si te obliga a replantearte lo que estás leyendo, a analizarlo desde una perspectiva original.
Porque lo que debe saber quien se aproxime a esta obra —y es lo único que comentaré de la trama— es que, lejos de ser una space opera, esta novela es una reflexión sobre el tiempo que roza por momentos lo onírico. De forma calculada, sus ideas se expresan a través de las emociones que despierta el relato, o de la acción o inacción de sus personajes, o de la forma en que se estructura el libro, más que en la historia propiamente dicha. Como resultado, el viaje termina siendo una odisea interior por los vericuetos del tiempo, lo que sin duda es una forma original de abordar el tema del tiempo desde la ciencia ficción.

El tiempo subjetivo

Las primeras tres páginas de la novela están dedicadas a describir la rutina de un minero espacial. Pero su trabajo no tiene nada de heroico: su función es controlar a las máquinas que hacen el trabajo. De hecho, su vida es monótona, tranquila, rutinaria; y Dsagan recalca esa monotonía contrastándola con el extraordinario escenario en que tiene lugar. Esta decisión estilística —sin duda valiente— nos induce a reflexionar sobre la velocidad subjetiva —y, por tanto, sensorialmente relativa— del tiempo.
Otro Tiempo
No es casual que las dos historias que componen la novela —la del minero espacial y la de la nave dañada— tengan tempos radicalmente distintos. Si la presentación del minero es cuando menos bucólica, la presentación de la nave es tan dinámica que en sus primeros compases ni siquiera entendemos qué está sucediendo.
Ese contraste, que se repite en la velocidad de la nave, en oposición a la quietud del planeta, nos permite observar desde una perspectiva distinta esa característica temporal a la que estamos tan habituados. Pero la novela también propone otros acercamientos bastante más extraños.

Tiempos múltiples / realidades múltiples

El primer capítulo de la novela es un acercamiento al multiverso. Y lo más interesante es que nos lo sugiere sin nombrarlo ni una sola vez. Sin explicar sus efectos, ni recurrir a tecnologías desconocidas. El recurso es tan sencillo como superponer variaciones de una misma historia; distintas decisiones de un mismo personaje ante un hecho concreto.
Al equipararlas y desconectarlas —empleando una estrategia similar a la que usó Guillem López en Arañas de Marte— todas las posibilidades que nos expone siguen siendo posibles; como si la función de onda no se hubiera colapsado tras ser observada por el lector, o como si cada versión perteneciera a una «brana» distinta dentro del mismo multiverso.
Esa idea de «branas que interactúan», que se rozan sin llegar a fusionarse, se desarrolla en otro elemento de la historia… Sobre ese tema no puedo hablar sin hacer spoilers, pero sí diré que está planteado como un «misterio» en el sentido que propone David Lynch —o Laura Lee Bahr, si vamos al caso—: no como un secreto a ser desvelado, sino como un acercamiento a lo inexplicable.

El futuro como sustento del presente

A estas alturas, convertir a la esperanza en el único dinamizador de la acción es una decisión arriesgada. Es un concepto tan manido que resulta muy fácil caer en el cliché. Sin embargo, Dsagan consigue plantearlo desde una perspectiva original: describiendo a la esperanza como un concepto temporal.

«Fay no podía dejar de pensar en ese futuro como si estuviera detrás de la siguiente puerta. Ella lo sentía tan amenazador como la situación en la que se encontraba en el presente.
Y, sin embargo, era su única esperanza. Su única salida».

A lo largo de la novela, la esperanza es cada vez más la asunción del futuro como sustento del presente. Vista desde esa perspectiva, la esperanza no emerge de un futuro mejor —esperado o imaginado—, sino de la mera existencia de ese otro tiempo. Del conocimiento de que existe. Y una vez que la define de ese modo, la novela consigue expresar la impotencia, el desasosiego, la obstinación y la fe ciega que emergen de ella a través de la propia historia, a través de las acciones de sus personajes, sin discursos motivadores ni certezas. Mostrándonos a seres humanos enfrentados al tiempo.

Simultaneidad

En su artículo «Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento» —el trabajo en el que expuso la teoría especial de la relatividad— Einstein plantea que:

«No podemos otorgar un sentido absoluto al concepto de simultaneidad; en su lugar, dos acontecimientos que son simultáneos cuando se observan desde un sistema de coordenadas particular no se pueden seguir considerando simultáneos cuando se observan desde un sistema que está en movimiento relativo con relación a aquel sistema».

Teniendo esto en mente, la novela de Dsagan propone recorrer el camino inverso. En un multiverso en el que distintas realidades se están desarrollando en distintas branas —porciones de realidad que quizá interactúen o quizás no, pero que al menos se rozan—, ¿pueden ser «simultáneas» dos realidades distintas? ¿Y qué definiría esa «simultaneidad»? ¿La interacción? ¿La posibilidad de transmitir información de una realidad a otra?
Obviamente, estos temas se sugieren como meras especulaciones (algo que, a mi entender, enriquece el resultado), pero el simple hecho de que Dsagan exponga estas ideas a través de la trama hace que valga la pena acercarse al libro.
Otro Tiempo

Sobre la intuición

Antes de finalizar, quiero poner en valor un último dato: la autora de esta novela es licenciada en Historia del Arte. Su formación no es científica y su novela no es —no pretende serlo— una historia de ciencia ficción hard. Su acercamiento al tema del tiempo (y, de hecho, a las fronteras de la física contemporánea) es meramente intuitivo. Gracias a eso —al desprejuicio con el que pone sus ideas al servicio del libro—, Dsagan trasciende la especulación y convierte la lectura en una experiencia; en una odisea interior por los vericuetos del tiempo.
Las realidades que propone, inconexas, pero conectadas, diluyen por momentos la realidad del lector dejándolo a oscuras en manos de Cronos. Enfrentándolo al misterio.
Y sin duda es un misterio maravilloso.

Sinopsis

Otro tiempo

Axel trabaja en la explotación minera de 12 L Crucis, donde permanece en soledad la mayor parte del año. En ese planeta deshabitado su vida es tranquila, monótona, segura y sin complicaciones. Allí todos los días son iguales y están medidos por el reglamento, que cumple a rajatabla. Para él, que teme equivocarse cada vez que se enfrenta a un imprevisto, es el lugar perfecto. Axel es feliz. En la nave de exploración Aubrey 5 KSC 7416 los problemas se suceden sin que los esfuerzos de la tripulación consigan solucionarlos. Las señales pidiendo ayuda se pierden en la inmensidad del universo inexplorado en el que se encuentran. Su única esperanza es seguir avanzando hasta encontrar un planeta donde puedan ayudarlos, sea cual sea, esté donde esté. Axel aún no ha nacido.

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