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Presencia Humana #6: un gran regreso

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Presencia humana vuelve a demostrar que es de lectura imprescindible para saber qué se está haciendo de nuevo en los géneros no miméticos en castellano.

La revista Presencia Humana siempre ha sido desconcertante, en el buen sentido de la palabra: ha incluido relatos, artículos e ilustraciones de la nueva literatura extraña en castellano, atendiendo a todas sus vertientes, desde cuentos con aroma al pulp más añejo, hasta la prosa más experimental. Todo lo que han publicado es interesante, aunque no todo haya sido igual de bueno, y a lo largo de los años se ha erigido en una publicación imprescindible para conocer lo que se está haciendo en los géneros no miméticos en castellano.
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El número 6 es el primero tras abandonar la periodicidad trimestral, lo que la convierte de facto en una antología más que en una revista. Y la pregunta era si ese cambio le iba a sentar bien o no. La excelente portada de Bernardo Lopesino ya es un buen indicador de la calidad de su interior, aunque puede llevar a engaño si uno no se lee la solapilla con el texto del propio Lopesino. No son relatos de astronautas, ni del espacio, sino que estos son una metáfora: humanos fuera de nuestro planeta, ¿hay algo que nos hable mejor del extrañamiento?
Como es inevitable en toda antología, algunos textos son mejores que otros, pero no hay ninguno malo. El artículo inicial, de Javier Calvo, me ha producido el mismo efecto que todos los artículos de este autor: al leerlo no tienes claro hacia dónde va ni qué te quiere contar, pero es fascinante y no puedes soltarlo hasta el final. Y sí, va a algún lugar, no son meras digresiones.

Javier Calvo

Javier Calvo abre el número.

A continuación comienzan los relatos, empezando por el de Guillem López: El puente. Una historia con un claro aroma a Cronenberg, pero en el que también es fácil encontrar ecos de autores clásicos del pulp. Como siempre en López, tiene un prosa admirable, un gran ritmo, y el texto entero está diseñado al milímetro, con elementos que lo unen todo como los hierros del hormigón armado. Si aún no le habéis leído, después de este cuento es muy posible que decidáis acercaros a Arañas de Marte, La polilla en la casa de humo o Challenger, a la espera de su próxima novela.
Hay textos que no son para uno. Herbarium, de Layla Martínez, no es para mí. Está impecablemente escrito, y la única pega que se le puede poner es que resulta demasiado clásico para una publicación como Presencia Humana. Pero, para un urbanita redomado como yo, las continuas plantas, raíces y hojas son un muro que cuesta demasiado saltar. Tengo claro, eso sí, que es un problema mío, y que para otros lectores eso mismo puede ser una virtud.
Saturnalia, de Francisco Miguel Espinosa, destaca por la rabia que destila su prosa en primera persona. Puede que a ratos resulte excesiva, pero aun así tiene una fuerza que ayuda a sostener el relato menos interesante del libro. Por su parte, Beatriz García Guirado explora en El síndrome de París los vericuetos de nuestra propia mente, de la locura. Si habéis leído su novela El silencio de las sirenas, os sentiréis en un ambiente familiar. La historia no tiene nada que ver, pero los temas, los recursos narrativos y los tropos sí. Y, además, tiene algunos diálogos memorables.
El silencio de las sirenas Portada
Grace Morales firma el otro artículo del número, Animación suspendida, sobre la depresión. Un ensayo que podría pasar perfectamente por relato, que plantea una excelente metáfora para esta enfermedad sin abusar de ella. A continuación viene Artificial, de Edmundo Paz Soldán, un relato que no termina de funcionar. En realidad, y ese es su problema, plantea un escenario y unos personajes, pero deja el sabor de primer capítulo de una novela. Probablemente pueda, de hecho, convertirse en una gran historia larga, pero como cuento no termina de funcionar y su final resulta abrupto.
Tochas, de Miguel Espigado, narra la vida de un tipo con anosmia. Se trata sin duda del relato más flojo de todos. La voz del narrador protagonista expulsa al lector en más de una ocasión, y su comportamiento es más desconcertante que la historia planteada. El final resuelve de sopetón, con una imagen que pretende ser impactante, pero que palidece al lado de algunas que han aparecido páginas atrás. Por contra, el siguiente y último relato es probablemente el mejor de todos. Ana Llurba firma “Una sonrisa”, un relato humorístico con un final desasosegante que deja al lector sonriendo, pero con mal cuerpo.

ana llurba
En resumen, Presencia Humana #6 es un volumen interesantísimo, con buenos textos con los que descubrir a buenos autores. No hay mejor manera de estar al día de por dónde anda la literatura de lo extraño en castellano.

Sinopsis

Presencia Humana #6

Caerse a un pozo y que unos gusanos gigantes telépatas te alimenten con tu propia carne; hacer sacrificios humanos voluntarios a los dioses del bosque; vivir en un permanente martes, en París; que todo el mundo te sonría; las formas de lo extraño son muchas, como lo es la literatura de lo extraño.

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