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Sangre fría (y abundante)

Sangre fría - Destacada

Claudio Cerdán nos presenta una novela Z hardboiled que se lee de un tirón.

Hacía tiempo que tenía ganas de leer algo de Claudio Cerdán. No recuerdo si le conocí en alguna Hispacón o en una Semana Negra de Gijón, pero sí recuerdo haber pensado que tenía la cabeza bien amueblada y, aunque eso no siempre significa que se escriba bien, sí es suficiente para despertar mi curiosidad. En el peor de los casos, sería un libro más empezado y no terminado.

Por suerte, Sangre fría no ha sido una decepción. Se trata de una buena novela de zombis, y una mejor novela negra. Porque, aunque esté en la Línea Z de Dolmen y sea una historia con todos los tópicos del género, es ante todo una novela hardboiled, y cumple también con todo lo que uno espera de esa etiqueta. Tipos duros, criminales, antihéroes, violencia cruda y sin concesiones, perdedores que juegan a ser ganadores sin engañar a nadie y una prosa dura, acorde con lo que se narra.

Claudio Cerdán - Retrato

Claudio Cerdán (Foto: Y. De la Torre. Diseño: D. Expósito.)


Y es que Cerdán es un escritor de género negro que ha jugado a hacer fantástico, y se nota ya desde la misma trama, en la que el apocalipsis Z es un escenario en el que se desarrolla una historia de venganza y de narcotráfico, igual que en Antirresurrección de J. R. Biedma se investigaba una desaparición en plena Sevilla infectada.

A lo mejor es por eso por lo que el guiño a Joe Álamo está presente en todo el libro, y no solo de manera puntual. El bar El Piojoso es un elemento recurrente, pero en vez de a la América de los años 30 nos remite a la España más cutre y poligonera y, a la vez, al salvaje oeste del spaghetti western. Porque por mucho que el Ronco mencione una y otra vez a John Wayne, al final el que acude es Clint Eastwood, encarnado en Juande, frente al malo y al feo. Y el duelo (porque hay un duelo, ¡por supuesto que hay un duelo!) no es al sol ni limpio, y aunque no hay poncho y el purito es un Bisonte sin filtro, sí hay plancha de hierro. Aunque claro, no tiene la forma de una plancha de hierro.

Sangre fría - Cameo de Sergi

Autores que te sacan como personaje y no te avisan.


El caso es que Sangre fría es, en el fondo, un juego literario. O metaliterario. Quizás por eso me ha gustado tanto: todos tenemos nuestras filias y fobias. Es un juego entre dos géneros, sí, aprovechando las expectativas del lector para cambiar de tercio y descolocarle. Pero es un juego dentro del propio género Z, un juego que, además, se explicita en algunos momentos. La conversación con los frikis que no se han enterado de nada porque estaban jugando a rol es justo eso. Cerdán se ha dedicado a ir planteando todos los clichés que se le han ocurrido y desmontarlos. Frente a la estructura lineal habitual del género, él nos da un puzle para que nosotros lo montemos en nuestra cabeza; frente a los supervivientes heroicos que intentan crear una nueva sociedad, tipo The Walking Dead, él nos da a un puñado de delincuentes de extrarradio; si las historias empiezan siempre después del alzamiento, la suya lo hace días antes.

Pero esa presentación y ruptura de clichés no se limita al género. Los protagonistas son gitanos, excepto el Cani, y encarnan en buena parte el tópico del gitano delincuente del imaginario más rancio. Pero a la vez son buena gente, conscientes de la vida que llevan y de que no es buena, y junto a ellos hay otra población gitana honrada y con aspiraciones. Y es que Cerdán juega también con los clichés de nuestra sociedad y con esa vocecita que a veces suena en nuestra cabeza y que nos esforzamos por acallar porque no nos gusta lo que nos dice y porque nos da miedo que, tal vez, esa vocecita en realidad sea la nuestra.

Sangre fría - El nombre de los zombis
La novela, en realidad, solo presenta dos problemas. El primero, la voz de los personajes, que no siempre se mantiene. Cada uno tiene una forma muy personal de hablar, pero de vez en cuando se pierde y se confunde con la del narrador. El segundo, el puñado de páginas por el centro de la ciudad en las que aparecen todos los personajes (y bastantes autores) del mundillo Z español. Homenaje tras homenaje, desde los vecinos del edificio Harmony hasta el gallego vestido de neopreno con su mascota, Lúpulo, pasando por la reportera Manuela que llegó con los bomberos al edificio justo antes de que empezara todo. Son páginas realmente divertidas, especialmente si se es aficionado al género, pero rompen con el resto de la novela. Ni el tono ni el lenguaje ni el ritmo encajan, e incluso el humor es diferente. En el resto de Sangre fría es un humor negro, duro, mientras que aquí es un humor más de colegas.

A pesar de ello, es una novela más que interesante y que consigue atrapar. Ha sido mi primera incursión en la obra de Claudio Cerdán, pero no será la última.

Sinopsis

Sangre fría

El Perrolobo acaba de salir de la cárcel, pero su pasado le está esperando para ajustar cuentas. Entre venganzas, intentos de asesinato y alguna que otra paliza, parece que nada puede ir peor. Y entonces los muertos se levantan.

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2 Responses to “Sangre fría (y abundante)”

  1. Ernest dice:

    ¿Se puede disfrutar si no eres muy aficionado al género? Es decir, he pillado lo de Manuela y el gallego de neopreno pero el resto de referencias se me han pasado (no sabía nada de Joe Álamo hasta que lo he mirado en google). Me da miedo que no sepa de qué va un fragmento grande por no reconocer esos homenajes a otras historias de zombies.