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Stalker. Pícnic extraterrestre, una de marcianos excursionistas

Stalker Pícnic Extraterrestre - Destacada

Los hermanos Strugatski firman una novela dura y triste pero imprescindible.

Un stalker es un tipo que se dedica a sacar de La Zona tecnología alien de contrabando. Pero, ¿qué es La Zona? La Zona es un lugar peligroso pero también ridículo. Es el lugar en el que hace un tiempo aterrizó una nave espacial. Y en esa nave espacial viajaban extraterrestres de algún otro planeta. ¿Y qué fue lo que hicieron en la Tierra? Tomar algo. Literalmente. Sacaron algunas cosas de sus cestitas, latas, emparedados, mantelitos a cuadros, y merendaron. ¿Y luego qué? Luego se fueron. Y lo que quedó en la Tierra, las sobras, se convirtió en La Zona. Un lugar que en la Tierra se ha convertido en objeto de estudio y de trapicheo. Porque si por el día Redrick Schulhart trabaja en el laboratorio del instituto internacional que estudia el fenómeno, por la noche se dedica a sacar de contrabando todo lo que encuentra.

Y lo que encuentran son cosas tan marcianas como vacíos llenos. Sí, vacíos que están llenos y por los que existe gente en el mundo deseosa de pagar un dinero que a Redrick no le iría nada mal. Redrick vive en Harmont, una ciudad agujero de la que no piensa largarse porque es su ciudad y es su agujero. Los militares tienen el poder y las provisiones son escasas, pero ahí está todo lo que quiere. Están sus recuerdos. Y aunque haya agentes de emigración tratando de convencerle de que se largue, porque vivir allí, dicen, es como vivir junto a un volcán en permanente peligro de erupción, no piensa irse. Ni siquiera cuando su mejor amigo aparece muerto. Justo después de acompañarle en una misión en La Zona.

Stalker Pícnic Extraterrestre - Portada original

Portada original de la novela (1972).


Como bien apunta Ursula K. Le Guin en la introducción, los hermanos Strugatski (autores también de la maravillosa colección de relatos con aspecto de novela El lunes empieza el sábado, publicada por Nevsky Prospects en España) nunca fueron abiertamente críticos con la política. Y esta novela, perfecto aunque crudo ejercicio de esgrima de la pareja, es un buen ejemplo. Si tienen que meterse con alguien no lo hacen con la madre Rusia, sino con Europa. Dice Red: «¿Qué tienen allá, en Europa, tan especial? ¿El aburrimiento? Trabajan todo el día, ven la tele por la noche, se meten en la cama con una bruja insufrible y tienen degenerados por hijos. Hay huelgas y manifestaciones, la política es un asco…». De hecho, no solo no fueron abiertamente críticos con su gobierno, sino que podría decirse que escribieron como si la ideología no les importase. «Escribían como escriben los hombres libres», dice Le Guin.

En la historia ni se exalta a la humanidad ni se la descalifica. Digamos que se la examina. No de forma directa, sino a través de un tipo corriente. Redrick. Un tipo que se dedica a hacer su trabajo, trapichear un poco, y tomarse algo en el bar. Al final es a ese tipo al que se juzga. Y se le juzga con todo lo que se ha visto: lo bueno y lo malo. Podría decirse que Stalker es, de nuevo como apunta Le Guin, «una fábula sobre el fracaso soviético» e incluso «sobre el fracaso del sueño científico del conocimiento universal». Pero también y sobre todo es la historia de un tipo corriente al que la vida ha puesto a prueba, una y otra vez, y que jamás ha renunciado a ser él mismo. Que es, básicamente, lo que los Strugatski nunca hicieron. Renunciar a ser ellos mismos.

Arkadi y Boris Strugatski
Dicho todo esto, Stalker no es una novela divertida. No. No es una novela paseo. Es una novela dura, triste. Pasan cosas injustas y feas. Y la voz de Red es una de esas voces que están de vuelta de todo. Digamos que es la voz de un tipo que vive en un vertedero. Que es lo que los marcianos han hecho de la Tierra. Su vertedero. Al menos, el vertedero de un montón de sobras de un picnic del que, con toda probabilidad, ni siquiera se acuerdan. Eso es la Tierra para los Visitantes que imaginan los hermanos Strugatski. Así de pequeños nos veían. Y así de pequeños, qué demonios, somos.

Sinopsis

Stalker. Pícnic extraterrestre

Unos extraterrestres hacen una breve parada en la Tierra y prosiguen el viaje sin mostrar ningún interés en la humanidad. Pero, como excursionistas displicentes, dejan restos y basura tras sus pasos, y los lugares así sembrados pasan a llamarse Zonas. Redrick Schuhart es ayudante de laboratorio en el instituto internacional que estudia el fenómeno, pero de noche es stalker: se juega la vida entrando en la Zona para sacar tecnología alien de contrabando.

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One Response to “Stalker. Pícnic extraterrestre, una de marcianos excursionistas”

  1. Jose dice:

    Un libro al que le tengo muchas ganas, desgraciadamente a mi parecer tiene un precio desorbitado para el número de páginas.. :(.

    Genial review!