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Terra Nova, una antología irregular

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Una antología irregular que contiene algunos relatos realmente buenos.

La antología de relatos de ciencia ficción contemporánea, Terra Nova, se puso en circulación a finales del pasado año con una distribución limitada en formato físico (actualmente se puede seguir comprando en la página de Sportula y en Cyberdark.net) y a un precio realmente asequible y recomendado de 3,50 € en formato digital. Bajo la batuta de Mariano Villarreal y Luis Pestarini, el libro recopila ocho relatos de literatura fantástica de autores nacionales, latinos y extranjeros. Ted Chiang, Ken Liu e Ian Watson (aunque este último esté afincado en España) son los extranjeros; mientras que Lola Robles, Erick J. Mota, Víctor Conde, Juanfran Jiménez y Teresa P. Mira son los que tienen el español como lengua común.

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Como en toda antología, uno de los grandes problemas del libro es que es muy irregular. Obviamente, es muy complicado que todos los relatos vayan a gustar lo mismo a una sola persona y cada uno tendrá sus preferencias. Aunque también es cierto que hay relatos que, en mi opinión, tienen una calidad muy inferior al resto. Comenzaré hablando de los que menos me han gustado y empezaré con «Enciende una vela solitaria», de Víctor Conde. La única vez que he leído algo de Conde fue en una colaboración universitaria de la ciudad natal que compartimos y recuerdo que, aunque no me pareció para nada extraordinario, sí que me pareció un relato decente. Algo que no me ha pasado con Enciende una vela solitaria. Supongo que la intención del autor con el relato era la de hacer una crítica a las redes sociales y a la vida cada vez menos individual que tienen sus usuarios, pero, por lo menos conmigo, no ha funcionado para nada. Farragoso es la mejor definición que encuentro para él. Desorden y una metralleta de ideas y conceptos sin ton ni son que no he entendido. Está claro que la idea de Conde ha sido hacer algo experimental, pero se ha quedado a medio camino. Otro relato con el que tampoco he conectado ha sido «Deirdre», de Lola Robles. En Deirdre, la mujer protagonista del relato contrata los servicios de una empresa de creación de androides a medida para crear a su media naranja perfecta: una androide llamada Deirdre que cumplirá cualquiera de sus deseos como pareja. El relato baila entre la indecisión de la protagonista entre tener una amante perfecta que ha sido diseñada para estar enamorada de ella o si realmente merecería la pena dejar que tuviera libertad para elegir de quién se enamora esta androide. La idea y el planteamiento del relato no son malos, pero tampoco he conectado con lo que Robles quiere contar con su historia: me he quedado igual al principio que después de haber terminado de leerlo y eso en un relato corto es sinónimo de que ha fallado algo. «Memoria», de la argentina Teresa P. Mira, me ha dejado un poso más o menos similar. Mira nos presenta su historia en un Marte fronterizo en el que los humanos empiezan a perder territorio a favor de los marcianos, que cada vez más beligerantes, quieren recuperar lo que es suyo. El relato plantea muy bien las problemáticas relaciones entre un chico humano llamado Jedediah y Áyax, un nativo marciano con el que termina teniendo una relación. Estas relaciones sociales y personales interraciales son uno de los puntos fuertes del relato, que no ofrece mucho más. Quizá sea porque no he conectado demasiado con los personajes, pero creo que a pesar de haber colocado a los protagonistas en un entorno realmente interesante, no veo que la historia que cuenta la autora tenga la fuerza y la razón de ser necesaria como para justificar el relato.

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A medio camino entre lo peor y lo mejor de Terra Nova se quedan los relatos del cubano Erick J. Mota, Ian Watson y Juanfran Jiménez. «Recuerdos de un país zombi» nos traslada a una Cuba postapocalíptica en la que un virus zombi se ha convertido en algo completamente normal avalado y estudiado por el gobierno comunista. El protagonista del relato es un empleado del Centro de Investigación y Desarrollo Zombi a través del cual el lector va descubriendo las incongruencias de la Cuba que plantea el autor. Me ha parecido genial la manera en la que Mota no renuncia a su vocabulario ni a sus construcciones gramaticales, lo que le da al relato un sabor local mucho más cercano a la historia que está contando y también la crítica feroz que el autor hace de los regímenes comunistas utilizando a los zombis como excusa: otra vuelta de tuerca más al género, pero en esta ocasión muy bien llevada. «Cuerpos», de Juanfran Jiménez, por otra parte, está mucho más cerca del thriller policiaco. El indio Padovani, protagonista del relato, vive en una sociedad en la que gracias a una solución farmacológica y a un implante, es posible para los usuarios intercambiar cuerpos. Padovani se ve metido de lleno en una persecución policial y el escape de una prisión, todo esto mientras recorre las calles de Madrid. «Cuerpos» me ha parecido uno de los relatos más entretenidos e interesantes de Terra Nova; está claro que no es uno de los que deja poso, tan solo entretenimiento puro y duro. «Un día sin papá» es el nombre del relato escrito por Ian Watson y uno de los que tiene la idea más original de toda la antología. La protagonista es una madre de familia que ha decidido por voluntad propia acoger en su propia mente la personalidad de su padre digitalizada después de que este muriera, lo que le acarrea más de un problema. Las relaciones con su marido se vuelven un calvario debido a la presencia constante de su padre, así como su intimidad, que pasa a convertirse prácticamente en un imposible. El relato desarrolla la idea del día en el que la protagonista consigue traspasar a su padre a la mente de su hija, un día que tendrá libre para ser ella misma por primera vez en mucho tiempo. La originalidad de la idea de «Un día sin papá» me ha encantado y también la manera en que plantea las relaciones padre-hijo en la tercera edad, aunque quizá se quede algo corto en su planteamiento y no tenga demasiado que contar más allá de estas premisas.

Por último, pasemos a los relatos que más me han gustado de la antología. «El ciclo de vida de los objetos de software», de Ted Chiang, nos cuenta la creación en un futuro cercano de unas inteligencias artificiales diseñadas para ser mascotas virtuales de las personas en un entorno digital conocido como Tierra de Datos. Estas IA son creadas sin ningún conocimiento previo y con la capacidad de aprender con la experiencia, y es aquí dónde entrará en juego Ana, la protagonista del relato y antigua zoóloga, que se encargará de la crianza de los llamados digientes. El ciclo de vida de los objetos de software ha sido mi primer relato de Ted Chiang y no podía haber quedado más satisfecho. Chiang sabe perfectamente de lo que habla cuando describe entornos digitales, la jerga de internet y la manera en la que funcionan los mundos virtuales, y eso es algo que se agradece. Es cierto que la narración es un poco tosca y los personajes del relato no dan mucho juego, pero las situaciones que consigue crear el autor con los digientes y la manera en la que el lector va viendo poco a poco cómo estos van evolucionando y planteándose muchas cosas es realmente fascinante.

Por otra parte, «El zoo de papel», de Ken Liu, es sin duda alguna mi relato favorito de Terra Nova y uno de los mejores que he leído jamás, aunque es cierto que es el relato con el que se abre el libro y quizá no haya sido la mejor opción colocar un relato tan bueno al principio. «El zoo de papel» narra la historia de una inmigrante china que vive en Estados Unidos con un hombre que conoció a través de un servicio matrimonial. La historia ahonda en la relación entre el hijo de esta pareja y su madre a través de los ojos del pequeño. La manera en la que esta cuidó de él a lo largo de su infancia y de cómo este se fue distanciando cada vez más de su madre a medida que crecía debido a las diferencias raciales y los prejuicios sociales, ya que su madre nunca había llegado a aprender demasiado bien a hablar inglés. El hilo conductor de la historia son las figuras de origami que esta le hacía a su hijo de pequeño y que este tenía como juguete principal. Sin palabras. La manera en la que Liu, también inmigrante chino con nacionalidad estadounidense, ahonda en la relaciones madre-hijo en una situación tan complicada como la planteada es realmente abrumadora y capaz de hacer soltar más de una lágrima. Bien es cierto que los elementos fantásticos del relato son realmente escasos y podrían pasar como algo absolutamente casual que tiene poco eco en la narración, pero la calidad sin paliativos del relato hace que sea un problema menor.

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La buena noticia es que el segundo volumen está antología saldrá a la venta el próximo día 21 de noviembre de la mano del nuevo sello Fantascy de Random House Mondadori con una distribución en su edición física mucho mayor que la de la primera entrega. Terra Nova Vol. 2, que es como se llamará, contará con relatos de Lavie Tidhar, Greg Egan, Ken Liu, Nnedi Okorafor, Aliette de Bodard y Adam-Troy Castro en el terreno internacional y traducidos por Manuel de los Reyes, Raúl García Campos, Carlos Pavón y Pilar San Román. Los relatos originalmente en español elegidos para esta ocasión son de Felicidad Martínez, German Amatto, Carlos Gardini, Pedro Andreu y Ramón Muñoz. La portada del libro ha sido diseñada por Ángel Benito Gastañaga y también contará con una introducción de la pluma del antólogo Mariano Villarreal. Las expectativas están bastante altas.

¡No os perdáis nuestra reseña en Fantífica cuando el segundo volumen esté publicado!

Sinopsis

Terra Nova vol. 1

Ocho autores internacionales demuestran que la ciencia ficción no ha perdido su garra ni su capacidad especulativa, y que es la narrativa que más y mejor trata de las preocupaciones, desafíos y problemas que afectan a nuestra sociedad actual. Desde la extrapolación y la metáfora del futuro, analizan y diseccionan una realidad en continuo cambio.

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2 Responses to “Terra Nova, una antología irregular”

  1. Manu Viciano Manu Viciano dice:

    Coincido más o menos con tus apreciaciones, aunque a mí «Memoria» sí me gustó bastante, mira.

  2. […] año después del primer Terra Nova nos llegó el segundo volumen, con un claro salto cuantitativo: más páginas, más autores, más […]