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Una llama entre cenizas, distopía en un Imperio Romano ficticio

Una llama entre cenizas - Destacada

El estreno juvenil de la temporada no se diferencia mucho de otros éxitos del género.

Tenía mis dudas acerca de si un libro con tantos referentes como sugiere la faja publicitaria de Una llama entre cenizas entrañaría algo negativo por apuntar demasiado alto. ¿La acción de Los juegos del hambre? ¿La épica de Juego de tronos? ¿La heroicidad de Divergente? ¿La ambientación de Gladiator? Las expectativas para Una llama entre cenizas parecían bastante altas, pero su premisa, aunque atractiva, no parecía sugerir nada demasiado nuevo en el campo de la narrativa juvenil más reciente: Laia es una joven que malvive con su familia en un mundo donde impera la ley marcial de la antigua Roma. Cuando encierran a su hermano, acusado de traición, Laia se unirá a la resistencia y se convertirá en una espía infiltrada en la Academia Militar, desde donde intentará cambiar el destino de su hermano y de todo el imperio.

Tenía la esperanza de equivocarme y poder decir «mira por donde, esta novela sí que vale mucho la pena», pero me temo que estamos ante una obra planeada casi en exclusiva con vistas a convertirse en el inevitable taquillazo de acción romántica juvenil, cuyo guión ya está casi terminado, por cierto. Sabaa Tahir ha escrito Una llama entre cenizas con un estilo que hace que se devore a toda velocidad, efecto al que también habrán contribuido sin duda las tijeras y el celofán de su editor en Razorbill y la irreprochable traducción de Pilar Ramírez Tello, que se lee como la seda. Sin embargo, y aun teniendo en cuenta que no pertenezco al público objetivo de la literatura juvenil (o young adult, como se conoce últimamente), la novela peca de ser demasiado ligera. La inclusión de palabras como «puta» o «capullo» o el hecho de que la protagonista quede marcada a fuego y viva en una insinuada amenaza constante de violación no bastan para convertirla en la novela dura que parece pretender la autora.

Sabaa Tahir
En Una llama entre cenizas confluían elementos más que de sobra como para convertirla en un nuevo referente, o al menos para destacarla con nitidez en el género de la distopía juvenil: un imperio de aire romano y pinceladas de mitología árabe como genios y efrits, superpuestos a los más habituales movimientos revolucionarios, tiranías y escuelas de batalla que han llevado a sagas como «Los juegos del hambre» o «Harry Potter» al éxito mundial. Pero Tahir no los ha aprovechado para desmarcarse, no ha arriesgado a la hora de componer su historia, no ha incluido suficientes motivos de peso como para decir sin dudarlo: «Oye, esta novela de verdad es distinta».

Su principal problema es que los personajes principales son los menos interesantes de todo el reparto: está la chica tímida, desvalida y sin habilidades (en apariencia), el chico decidido, fuerte y guapo que no está conforme con su destino, la otra chica también fuerte y decidida que es compañera del chico igual de decidido, e incluso un grupo de taciturnos rebeldes que se oponen a la ley marcial del imperio. Y cómo no, los malos de turno, en concreto la madre del chaval de turno, malvada hasta decir basta.

Una llama entre cenizas - Mapa
Decíamos que la ambientación incluye elementos interesantes y desacostumbrados, pero peca de cierta falta de cohesión. Quizá se solucione en futuras entregas —la autora ya está trabajando en su secuela—, pero el conjunto no acaba de estar definido: se echa en falta una mayor cantidad de descripciones que nos sumerjan con más profundidad en el universo que propone Sabaa Tahir. Las descripciones esquemáticas, poco más que pinceladas, transmiten la sensación de que la novela se ha escrito pensando en que los guionistas no tengan problemas en llevarla a la gran pantalla, de que Una llama entre cenizas parece haber nacido solo para ser convertida en película.

Una llama entre cenizas gustará especialmente a los amantes de las distopías juveniles con triángulo amoroso de por medio, en las que los personajes lleguen a extremos épicos para salvar a su familia o luchar por sus anhelos. Y ahí es donde la faja publicitaria yerra y acierta a la vez: yerra en no intentar vender los elementos con que el libro trata de diferenciarse de otros éxitos de la literatura juvenil fantástica, y acierta en incluir referentes cinematográficos o televisivos, ya que es hacia donde parece apuntar la novela, aunque le falte la ambientación de los libros de Oz, la épica de «Las Crónicas de Narnia» y el ingenio de Alicia en el País de las Maravillas. Eso sí, leída sin grandes pretensiones, como una novela juvenil más al estilo de los grandes bombazos recientes del género, entra sin el menor problema.

 

Sinopsis

Una llama entre cenizas

En un mundo regido por la ley marcial de la Roma Antigua, el precio de la desobediencia es la muerte. Laia y su familia sobreviven en los callejones más pobres, sin cuestionar el orden establecido. Han visto lo que les pasa a quienes se atreven a desafiarlo.

Cuando encarcelen a su hermano por traición, Laia se verá obligada a acudir a la resistencia. A cambio de su ayuda, deberá espiar para ellos en la Academia Militar. Allí conocerá a Elias, el soldado más prometedor del Imperio y también su mayor opositor. Laia es esclava, Elias es soldado. Ninguno de los dos es libre. Solo uniendo sus destinos podrían cambiar el de todos.

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