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Ven y enloquece de F. Brown: el regreso del profeta del absurdo

Ven y enloquece - Destacada

27 cuentos para sumergirse alegremente en el universo de locos de Fredric Brown.

En el imprescindible y maravilloso prólogo a este primer tomo recopilatorio de los relatos del, en muchos sentidos, adorable Fredric Brown —¿o no es adorable alguien capaz de imaginar una invasión de alienígenas repelentes que dedican su tiempo a criticar todo lo que encuentran ridículo del comportamiento humano?—, firmado por su mujer, Elizabeth Brown, se nos cuenta que, aunque sus historias sean devorables (en muchos casos, absurdas y devorables), Fred odiaba escribirlas.

Fredric Brown

Mr. Brown


Lo dice la propia Elizabeth:

Fred odiaba escribir. Pero adoraba haber escrito. Hacía todo lo que se le ocurría para postergar el momento de sentarse ante la máquina de escribir: le quitaba el polvo al escritorio, tocaba la flauta, leía un rato, tocaba un poco más la flauta. Si vivíamos en un pueblo en el que la correspondencia no se repartía, iba a buscarla al correo y después encontraba a alguien con quien jugar una —o dos o tres— partidas de ajedrez o de naipes. Cuando regresaba a casa, pensaba que era demasiado tarde para empezar. Después de hacer lo mismo durante varios días, empezaba a remorderle la conciencia y se sentaba realmente ante la máquina de escribir. Podía escribir una o dos líneas, o algunas páginas. Pero los libros acababan por escribirse.

Y menos mal que lo hacían.

Porque cada libro de Fredric Brown es un pequeño parque de atracciones para los amantes del lado más absurdo y cínico y satírico y, qué demonios, divertidísimo, de la ciencia ficción. Como bien apunta Barry N. Malzberg en el prólogo a la reedición de este primer volumen de su narrativa breve, «Brown era profundamente cínico y carecía de fe en la humanidad y en su potencial». Para confirmarlo basta con echar un vistazo al aterrador (e hilarante) relato que da título a la colección, Ven y enloquece, la historia de un tipo que está encerrado en un psiquiátrico por culpa de unas horrorosas pesadillas. ¿Y con qué tienen que ver esas pesadillas? Con el futuro. El tipo en cuestión será algún día Napoleón, y lo que ve en las pesadillas es lo que ocurrirá y lo único que puede hacer al respecto es gritar que nada importa. «¿No lo entendéis? ¡Nada importa!».

The Case of the Dancing Sandwiches - Portada
Pero en las historias de Brown no solo hay marcianos repelentes —aunque Marciano, vete a casa sea sin duda su obra maestra y, con toda probabilidad, una de las diez (por no decir una de las tres) mejores novelas que se han escrito jamás sobre marcianos—, sino también magos. Y niños con pistolas de agua que acaban salvando el mundo (Armagedón). Y tipos que creen ver a gusanos angelicales (literalmente, gusanos que van al cielo y sobre cuya cabeza flota un halo), en la deliciosa y muy Philip-K.-Dickiana casi novela corta incluida en la colección, El gusano angelical.

En total son 27 los cuentos reunidos, todos ellos escritos entre 1941 y 1949, esto es, durante los nueve primeros años de la formación como escritor de un hombre que no quería escribir pero, sin embargo, quería ver lo que escribía publicado. Y se nota que en los primeros hay cierto tanteo, pero a medida que avanza la antología, poco a poco, uno acaba sumido en un universo de locos, el universo de locos —sí, es el título de su primera novela— de Fredric Brown, en el que los asesinos en serie se disfrazan de Papá Noel y en el que la linotipias toman conciencia y acaban prácticamente devorando a aquel que pretende utilizarlas (valga recordar que Brown fue linotipista y, creedme, leyéndolo, se nota).

Y luego está el caso de El ratón estelar, el ratón Mitkey cuando aún no se llamaba Mitkey, un ratón pequeño y gris a las órdenes de un hombre igualmente pequeño y gris (Herr Professor), único pasajero de un cohete con destino Prxl, un diminuto mundo perdido para los asesinos cósmicos desde el momento en el que alteró su órbita.

Ven y enloquece - Bruguera

Su primera edición en español (Bruguera)


Como ocurre en las (a menudo paranoicas) historias de Philip K. Dick, los personajes de Brown son azotados por una trama que se sumerge sin remedio en el delirio más absurdo, un delirio que los lleva a dudar de su propia cordura —he aquí un punto que comparte con el autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?—, y que constituye lo que hace única la narrativa de Brown, que también cultivó, desde un humor desopilante y maravilloso, el género negro (para curiosos, una recomendación: La noche a través del espejo, o cómo convertir el clásico de Lewis Carrol en un delirante cuento de Navidad).

Cualquier historia de Brown tiene siempre un componente poderosamente cotidiano: los protagonistas podríamos ser cualquiera de nosotros, pero eso sí, cualquiera de nosotros teniendo un mal día, un día decididamente extraño, y acabando, por qué no, como el ratón Mitkey, en otro planeta. Un planeta en el que las cosas no van a irnos del todo bien. La intención de la narrativa de Brown parece ser reconciliarnos con nuestra propia locura, esa que nos asalta a diario, en pequeñas dosis, y de la que huimos temiéndonos lo peor, pero sin la que no seríamos nosotros.

En ese sentido, cualquier Brown es un must read. En especial si eres de los que disfruta con las historias de Douglas Adams. O de Robert Sheckley. O del mismísimo Philip K. Dick.

Sinopsis

Ven y enloquece

La tremenda eficacia narrativa del autor, un escritor que se curtió en el mercado de las revistas pulp americanas de ciencia ficción y policíacas, y la complicidad instantánea que logra establecer una y otra vez con sus lectores, lo convirtieron en uno de los escritores más populares de su época. Pero si su recuerdo perdura hasta hoy entre todos los que lo han leído es porque supo aportar, a ambos géneros, una visión honesta, sarcástica y deliciosamente pragmática de la vida, al tiempo que abrazaba con respeto las convenciones de la literatura popular.

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