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Yo, zombi, de lo zombiesco en los vagabundos

Yo, zombi - Destacada

Una novela correcta e interesante, aunque le fallen varios detalles.

Reconozco que el título de esta novela me echaba muy para atrás. Mi experiencia me hace desconfiar de las narraciones que dan el punto de vista zombi, porque una y otra vez me encuentro con lo mismo: eso no son zombis. Al fin y al cabo, si algo caracteriza a un zombi es que no tiene punto de vista. Salvo en el caso de las parodias, como la película Memorias de un zombi adolescente —pero no el libro, que de paródico no tiene nada—, lo que al final hay son muertos vivientes, pero no zombis.

Así que reconozco que el único motivo por el que le he dado una oportunidad a Yo, zombi es que está publicado en Salto de página, y eso siempre es una garantía.

Óscar Urra

Óscar Urra, el autor de Yo, zombi


Y lo primero que me encontré fue el alivio de ver que sí, que los zombis son zombis. Urra soluciona el problema un poco a la manera de Alejandro Castroguer en La guerra de la doble muerte. Allí la zombiedad era un estado transitorio, una especie de ansia que iba en aumento hasta convertir a la persona en una máquina caníbal descerebrada, pero, una vez saciada ese ansia caníbal, volvía a tener autocontrol (y probablemente se arrepentía mucho de lo que había hecho), hasta que el ansia volviera a apoderarse de ella. En Yo, zombi no es un ciclo repetitivo, sino que la infección avanza poco a poco, y durante meses el infectado es un «zombi impuro», como los llama el protagonista, que sabe que acabará convertido en un zombi canónico, en una zona salvaje de la mente de la que no se sabe nada porque una vez allí es imposible volver, si es que queda algo que pudiera volver.

Salvando las enormes distancias entre las dos novelas (van por caminos bien distintos tanto en temática como en las formas), ambas se centran en personajes que se van a convertir en zombis. Que ya lo son en parte, pero que conservan lo suficiente de humanos como para poder contarnos lo que viven, porque aún queda algo ahí arriba, en sus cabezas. Por eso el yo que nos narra sus peripecias en Yo, zombi es precisamente un zombi impuro. Porque si su zombificación ya hubiera terminado no podría contarnos nada.

La Guerra de la Doble Muerte - Portada
La novela tiene bastantes aciertos y unos pocos errores que la lastran demasiado. En el lado positivo destaca la estructura, con capítulos muy breves que le dan un ritmo ágil, y alternando dos líneas temporales, sus inicios zombiescos y su presente. Esos dos momentos, además, son liminares, ya que suponen fronteras de sus dos vidas, la humana y la zombi. ¿Y acaso hay algo más en la frontera que un zombi, vivo y muerto a la vez, humano y no humano al mismo tiempo? La alternancia de capítulos de las dos líneas vincula esas dos vidas, para que no olvidemos nunca que el zombi fue humano una vez.

Por contra, el principal problema es precisamente el narrador. Se supone que es un adolescente que abandonó los estudios en tercero de la ESO. Por mucho que haya leído en los meses siguientes, su voz no resulta creíble. Nos habla de «actos de habla», de etimología, de la estructura de La narración de Arthur Gordon Pym: no es un adolescente sin estudios, es un filólogo. Y es un problema porque se nos recuerda una y otra vez su adolescencia, que su forma de expresarse y las cosas que dice nos desmienten a cada paso.

Bacarrá - Portada peque

Bacarrá, la anterior novela del autor (conclusión de una trilogía policíaca).


La idea del zombi como metáfora de los sintecho, aunque no es nueva (se ve, por ejemplo, en Otto, or up with Dead People, la genial película de Bruce LaBruce), sí que está excelentemente trabajada, hasta el punto de que durante algunas páginas llegamos a plantearnos si todo lo de los zombis no será un delirio del narrador, y si acaso el Cuartel no sea más que una ciudad espontánea en la que malviven los sintecho. Por eso es tan importante recordarnos continuamente que el protagonista tiene un pasado humano, que todos lo tienen; y por eso reconocen a los nuevos cuando los ven vagar por el centro de la ciudad, sin rumbo, arrastrando los pies, perdidos en la masa.

En resumen, es una novela interesante y bien escrita, con una prosa agradable de leer, pero que resulta lastrada en exceso por un puñado de errores. Si Óscar Urra consigue separar de verdad sus narradores de sí mismo, tiene un gran futuro por delante.

Sinopsis

Yo, zombi

Alejandro Sen se está convirtiendo en zombi. Fue mordido y ahora vive con otros como él, zombis «impuros» que aún no han completado su transformación pero saben que están condenados. Y aunque pueda parecer que las cosas no pueden ir a peor, pronto verá que sí que pueden.

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